Entradas populares

lunes, 16 de mayo de 2011

JUVENTUD

Yo era una niña como tantas y tantas. Empezaba a descubrir la vida a su manera. En un mundo dominado por adultos, me inventaba mi propio mundo de fantasía y, estaba más en ése que en el real. Jugaba con mis amigos, me enfadaba y me enamoraba. El término medio no existía en mi vocabulario. Todo era o mucho o poco. Nunca veía el peligro. Nos comíamos el mundo y nos sentíamos adultos a nuestra manera. Los estudios, por supuesto, era algo secundario y una obligación.

De repente, me enamoré locamente. No me podía centrar en nada. Si ya vivía en un mundo de fantasía, ahora el doble. Todo me daba igual. Era feliz y era lo más maravilloso que me podía pasar. Además, me sentía correspondida. Qué más podía pedir... Fueron dos años muy intensos, en plena adolescencia, con los sentimientos a flor de piel. Nos veíamos a escondidas y salíamos por ahí... Era nuestro secreto. Nos enfadábamos y reconciliábamos...

Poco a poco, la relación fue perdiendo la fuerza del principio y cada vez nos veíamos menos. Una mañana me levanté y me sentía muy rara pero no le dije nada a nadie. Cada vez sentía más cosas raras y me empecé a preocupar . Pensé si podría estar embarazada pero, había sangrado la semana anterior así que me llené en un mar de dudas. Viví dos meses muy angustiada, preocupada sin saber qué me pasaba. Mi madre me llevó varias veces al médico. Me había salido un bulto en un lado del estómago y esa tarde tenía cita con el médico. Otro de tantos....

Mi padre se quedó fuera esperándonos y entré con mi madre. Me tumbaron en una cama y me pusieron algo frío en la barriga. Me pasaban una bola por ella y había un monitor. El médico me miraba con preocupación y al terminar mi madre le preguntó. Mi mayor miedo y preocupación se confirmó: ¡estaba embarazada de cuatro meses!.

¿Cómo me había podido ocurrir? Yo sangraba...  Lo que no sabía es que tuve un principio de aborto.
De 4 meses y con 15 años. No me lo podía perdonar. Salimos fuera y mi madre se lo comentó a mi padre. Fuimos a un bar. Yo estaba como en estado de shock. Me temblaba todo el cuerpo. No podía reaccionar, balbuceaba, no sabía que decir ni qué hacer. El mundo se me vino encima.

Durante las siguientes semanas me maldije mil veces a mí misma y lloraba constantemente. No me lo podía perdonar. Mi compañero y amigo tampoco supo reaccionar y se fue alejando cada vez más. Su familia hizo lo mismo. Las monjas me obligaron a dejar el colegio y les dijeron a mis compañeras que tenía una grave enfermedad. Me encerré en casa. Aunque tenía a mi familia me sentía muy sola. Me culpaba por todo lo que me estaba pasando y por lo que estaban sufriendo mis padres. Fueron momentos muy malos. Empezaba a notar poco a poco golpecitos en la barriga y me empezaron a gustar. Cada vez tenía más. Me empezó a gustar esa sensación y fui aceptando lo que ocurría. Me empezaba a ilusionar y a tomar conciencia de la realidad. ¡Iba a ser mamá! A los 6 meses comencé a tener muchas contracciones. Quería salir ya y el doctor dijo que sería muy arriesgado. Dejó que tomase la decisión de tomar unas pastillas para retrasar el parto o no tomarlas pero, yo ya me había hecho a la idea. No concebía ya la vida sin mi bebé y, decidí tomarme esas pastillas.

Un 22 de agosto empecé a tener unas contracciones muy fuertes y a la hora, avisé a mis padres. Fuimos al hospital, me reconocieron y me bajaron corriendo al quirófano. Nada más despertar me felicitaron y yo recuerdo que pregunté: ¿Ha salido todo bien? ¿El bebé está bien? y me dijeron: - Sí, es una niña preciosa.

El padre siguió sin reaccionar así que, le puse mis apellidos. A él sólo lo vi un par de veces más de casualidad. No entendía su comportamiento. Jamás lo hubiese imaginado...

Mi vida siguió siendo cuesta arriba. Seguí estudiando en un instituto del barrio y mis penas se iban al llegar a casa y coger en brazos a Laura. Pero, algo no iba bien. A veces sentía una pena muy intensa y no podía dejar de llorar. Los médicos me diagnosticaron crisis de angustia y ansiedad unida con depresión. Tuve que crecer muy deprisa. Mi nivel de exigencia se volvió muy grande y no pude soportarlo. Un día mi cuerpo explotó. Me daban taquicardias, pinchazos en las manos, cabeza, no podía respirar. Ataques de pánico que me llevaron a padecer agorafobia durante 15 años.

Por ser madre soltera mucha gente me rechazó. Hicieron que me avergonzase de mi misma. Llegué a veces a no sentirme ni persona pero, lo más duro de todo es que, en el fondo, les daba la razón. Me merecía un castigo por lo que le había hecho a mis padres y, ese era el precio que tenía que pagar...

Laura fue creciendo y yo sobreviviendo. Fui a la Universidad y terminé los estudios (gracias a las compis  que iban a las clases por mí, ya que yo sólo iba al examen final). Tuve varios novios pero, debido a mi problema de agorafobia, no era feliz, no disfrutaba. Hubo una época que no podía bajar ni al portal de casa...Dependía de alguien para ir a cualquier sitio...

Sin darme cuenta Laura se había transformado en una jovencita y reclamaba conocer a su padre biológico pero, yo aún no podía. Le dije cruelmente que cuando fuera mayor de edad, si seguía con esa idea, lo buscase ella.

Siguió pasando el tiempo, me volví a enamorar y por circunstancias de la vida tuve que dejar Madrid. Me casé y, con una medicación, la agorafobia se fue marchando de mi vida. Empecé a volver a ser yo de nuevo y, a ver las cosas de otra manera. Entonces pensé en Laura y en lo que me dijo de conocer a su padre. Yo no soy quién para negarle ese derecho y tampoco soy quién para no perdonar, aíi que, Le busqué y encontré. Le escribí un mail. No sabía nada de su vida y no quería molestar. 20 años habían pasado desde aquello... ni siquiera sabía si lo leería.


A la semana me escribió. y, decidimos vernos un día. Me sentía rara pero, al verle vi que seguía siendo ese niño asustadizo con cierto grado de timidez y debatiéndose siempre entre si una cosa está bien o mal. Fue una liberación para los dos. llevábamos muchas cosas guardadas dentro.  Desde el momento que recibimos la noticia apenas tuvimos tiempo para los dos, para hablar. Todo fueron enfrentamientos entre nuestras familias y nosotros nos quedamos al margen. Yo no comprendía reacciones suyas y él, (al margen de que yo las comparta o no), me las explicó.

Un día fui a Madrid y quedamos los tres para que se conocieran. Pienso que fue algo positivo para todos.



Hay que ver cómo una imprudencia y el querer demasiado hace que tu vida de un giro y todo te cambie de manera radical.

Lo que he sacado en claro es que todos fuimos víctimas de una locura o amor de juventud. Todos salimos perdiendo y, no sé porqué pero, en lugar de coger lo negativo y transformarlo en positivo, nos cegamos siempre en ver lo negativo como si no hubiera otra cosa.

Eso es todo

2 comentarios:

  1. ..me alegra haberte leído. habrán sido años muy duros, me alegro mucho que ahora todo te vaya bien! (soy ale, del cole ese donde te 'aconsejaron' abandonar los estudios) muchos besos!

    ResponderBorrar
  2. Alejandra, Me alegra un montón que entres por aquí. Un besazo enorme. (y de esos que suenan).

    ResponderBorrar