-Cógeme la mano. -
-Más fuerte, no tengas miedo...-.
Mi respiración se entrecortaba pero él no dejaba de sonreír. No apartaba la mirada de mis ojos y, le veía tan feliz... Yo simplemente, no podía.
Su vida se apagaba lentamente y yo no podía hacer nada por evitarlo. Sólo estar ahí, al borde de su cama, cogiéndole la mano y devolviéndole la sonrisa de vez en cuando con alguna lágrima incluida.
-No llores cariño. Mi tiempo aquí está a punto de finalizar. Ya cumplí mi misión. Quiero darte las gracias por haber estado siempre a mi lado, en cada momento de mi vida. Por tantos momentos, tantas sonrisas y por aquellos disgustos pequeños que lo único que consiguieron fue acrecentar nuestro amor y superarnos un poco más.
No estés triste. Siempre estaré a tu lado. Éste no es nuestro lugar; sólo es un sitio de paso. Te estaré esperando con los brazos abiertos. Disfruta de la vida, no dejes de preguntar ni de sorprenderte. Ten los ojos y los oídos bien abiertos. No te pierdas ni un detalle. Es todo tan hermoso... Quiere y respeta a todos e ignora a quien te envidie, lo único que pretende es envenenarte pero, sobretodo, quiérete a ti misma porque, tú, escúchame bien, TÚ ERES ÚNICA. Quiérete y mímate con respeto. No prejuzgues y siempre escucha pero, no sólo con los oídos. A veces es más importante el cómo se dice algo que lo que se dice en sí. Sé feliz y derrocha amor...
-Ya viene cariño.
-Cógeme la mano. Así, muy bien pequeña-. -No tengas miedo-. -Nos vemos pronto-. -Te quiero tanto...-.
Cerró los ojos. Seguía con su sonrisa. Las lágrimas se escurrían por mis mejillas. Me acerqué, le besé y le susurré: -gracias por todo. Nos veremos pronto-. Sentí una brisa fresca rozándome el rostro. Supe que era él y sonreí.
Me levanté de la cama y salí de la habitación. El día estaba radiante, los pájaros cantaban y había niños jugando al fondo. Me sequé las lágrimas, respiré hondo, di un paso y... me adentré en la vida.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario