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martes, 21 de junio de 2011

EL NIÑO LIMÓN


El niño limón está triste. Su acidez es tan grande que nadie quiere jugar con él. Lleno de rabia, se maldice una y otra vez por ser como es mientras da patadas a una pared . - ¿Por qué yo? ¿Por qué no puedo ser como los demás?-. Se dice asimismo desconsolado. Agotado, se sienta en un rincón y mira hacia el suelo. Su expresión denota melancolía. Siempre está solo. Es un día hermoso de primavera. Las flores se alzan radiantes intentando llegar al sol. Los pájaros juegan y cantan mientras bajan en busca de alimento pero, lástima, él no puede verlo. Daría cualquier cosa por endulzarlo un poco y sacarle una sonrisa de esperanza. Le miro detenidamente. ¡Es tan hermoso!. ¿Cómo no se da cuenta?.   Él continúa cegado en sus propios pensamientos. Levanta la vista mientras un par de lágrimas caen al suelo deslizándose lentamente, sin parar…como si de una competición se tratase hasta mezclarse con el agua de la fuente. No puedo soportar más su sufrimiento. Me acerco a él ofreciéndole mi mano. Él la agarra fuertemente y salimos del jardín. Me mira desconfiado sin comprender. Únicamente le guiño un ojo y seguimos calle abajo, más abajo, más abajo. Se siente cansado pero, nos estamos acercando; falta muy poco. Al final del horizonte divisamos la niebla. Con mucho respeto nos adentramos en ella. La sentimos espesa, fría y húmeda. Nos envuelve lentamente mientras nuestros ojos se van cegando pero, a pesar de ello, seguimos avanzando. De repente, conseguimos divisar algo de luz, sólo un reflejo, un recuerdo a mitad de camino entre la vigilia y el sueño, pero con eso nos basta para llenarnos de esperanza e ilusión. Le aprieto fuerte la mano y sonrío. Ya falta tan poco…
El cielo está despejado. Todo es diferente una vez atravesada la niebla. Los montes redondos y azules comienzan a acunar a los tres soles después de una larga jornada de trabajo. El cielo es de un color esmeralda con pinceladas de ámbar. Las flores, de mil colores desprenden su rico aroma por el camino. Es todo tan hermoso… Bajando la montaña llegamos al pueblo y empezamos a callejear.
El niño me mira asombrado. Niños limones por todos lados, jugando, corriendo, chillando. Se frota los ojos. Le cuesta creerlo. Me mira, sonríe y corre hacia ellos. No puedo seguir sus pasos. Demasiados años sobre mis hombros… Nunca más se sentirá raro. Nunca más se encontrará solo.  Me mira a los lejos riendo. Su alma rebosa felicidad. Yo, le miro detenidamente. ¡Es tan hermoso!. ¿Cómo no se dio cuenta?.

Besos,

Ampi

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