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sábado, 9 de junio de 2012

Regreso


Después de un larguísimo período de descanso he regresado. Pido perdón por mi ausencia.

Muchos os preguntaréis dónde me he metido todo este tiempo. Pues bien, el misterio os lo resuelvo enseguida. Además de un período de duelo en el que sólo tienes fuerzas para mirar al suelo y aún así, de vez en cuando te sigues pegando algún que otro tropezón, ya no soy una sino dos. Sí,habéis leído bien. El 16 de marzo del 2012 nació mi chiquitina Lucía con 3,450 gr. y 49 cm. Una pequeña florecita que cada día está más grande y espabilada. Mi luz y mi ilusión de despertarme cada día.

Cómo te cambia la vida y cuántas noches sin dormir pero... ¡la quiero tanto...!.

jueves, 1 de septiembre de 2011

POEMA

Inmerso en el mundo está y no le dejo escapar. Mi gozo llenando está al su presencia notar y, en la tierra del Olvido siempre ha salido vencido. Apuesto caballero alzando sus alas al vuelo. Caballo trotador, ¡Salta, salta campeón!... Atraviesa lindas tierras conquistando a las princesas. Su mirada aclama al cielo por encontrar un amOr verdadero. Salta, corre, vuela... Chilla, llora, balbucea... Montes, tierras, arboledas... Castillos, riberas, aldeas... buscando con devoción la paz de su interior. ¡Caballero volador! ¡Caballero emprendedor! Atraviesa la frontera de la falsa percepción y olvida los sentidos que conducen al error. ¡Caballero soñador! Oriéntate por tu amor confía en mi, campeón que mi alma está esperando tu interior liberador.

lunes, 29 de agosto de 2011

El Ejido

Da igual dónde me acueste. Siempre despierto en el mismo lugar: El Ejido de San Mittre, situado al sur de la ciudad de Plassans. Un cuadrilátero abandonado que antiguamente había sido un cementerio.Aunque la tierra de ese lugar rebosaba cadáveres desde hacía más de un siglo, la primavera cada año aportaba más vida, desbordándose de hierba, flores y frutos aquel siniestro lugar. Estoy despierta pero mi cuerpo aún no me deja levantarme. A la derecha del Ejido se encuentra una callejuela sin salida con casuchas de los más variopintas. Escucho voces y risas de niños harapientos acercándose cada vez más. -Buhhhhhhh- les digo. Ellos pegan un grito volviendo a sus casas como alma que lleva el demonio.Todos menos uno que me mira fijamente con una sonrisa de oreja a oreja. Lleva una mochila marrón medio roída, la abre y me da un pedazo de pan y queso. -Te he traído tu desayuno. Espera que ahora vengo- me dice muy alegre mientras me sacudo las ropas y me siento en el suelo. El muchacho trepa por los perales retorcidos y agarra los frutos más grandes. -Muchas gracias pequeño camarada. ¿Qué vamos a hacer hoy?- pregunto. -Escalaremos el muro e iremos a la búsqueda y captura de gusanos de seda- Responde muy contento. Parte de El ejido de San Mitrre se encuentra amurallado por piedra recubierta de musgo, por encima de la cual se pueden divisar las grandes moreras de la gran finca Jas-Meiffren. -Cuando yo sea grande tendré tanto dinero que podré comprar esa finca- me decía el chiquillo abriendo mucho los ojos. Han pasado 40 años de aquello. El ejido ya no es un cementerio ni un jardín con hierbas, flores y frutos. Ahora es un depósito de maderas. Los chiquillos de las casuchas de la callejuela siguen viniendo pero su distracción es diferente a la de antaño. Ya no se suben a los perales ni a las moreras de Jas-Meiffren. Ahora sólo juegan con gruesos tablones a ver quién salta más lejos y a hacer malabarismos. Campamentos de gitanos se han aposentado como hice yo años atrás. Encienden sus hogueras calentando el puchero e inundan de cantos y alegría el lugar. Nadie piensa en los muertos que aquí yacieron ni en los perales de frutos enormes pero, aunque todo parece diferente, conserva la misma esencia. Mi pequeño camarada marchó a tierras lejanas hace ya años buscando fortuna. Sé que no le fue mal y me alegro por ello. En cuanto a mi, apenas veo y me falta músculo para mantenerme erguida. El paso de los años no pasa en balde, es ley de vida. Me siento en un banco de piedra y escucho a los muchachos jugar. De repente una sombra se sienta a mi lado,me ofrece pan y queso y se marcha corriendo. Sonrío llena de recuerdos. El viento comienza a agitarse con fuerza -No tardará en llegar el otoño. Otra estación más mi querido Ejido- comento en voz alta.

miércoles, 20 de julio de 2011

RECUERDOS CON ELLA DE TI


Aquí estamos, solas tú y yo. Sentadas frente a frente. Mirándonos sin saber qué decir ni por dónde empezar.
Mi alma se queja, grita enloquecida mas, nadie puede oírlo. Siento miedo, nostalgia y ansiedad. Sólo tú sabes lo que me ocurre porque te sientes igual además de perdida, sin saber dónde aposentarte.

Te toco y estás fría. Sí, ya sé que estás hecha de metal pero, ¡Cómo ardías a veces!
Tu color marrón con reflejos dorados se ha ido deteriorando con el paso de los años aunque, sigues siendo hermosa. Ya no tienes el reflejo constante de aquellos ojos azules tan brillantes y expresivos pero, no importa. Aún conservas restos de su piel y te quiero por ello.

Para mí eres como un tesoro. Eres única y llevas en tu ser un recuerdo indestructible.
No te apures, yo te pondré a buen recaudo de posibles caídas. Eres tan dura y tan frágil al mismo tiempo…

Te colocaré  en la cómoda del salón, apoyada sobre la máquina de escribir del abuelo Eduardo. Así, cada vez que pase por allí, te veré y me recordarás a él igual que me ocurre con el abuelo.

¡Cuántas tardes te usó para ver la televisión y leer el periódico! Algunas veces, cuando algo le llamaba realmente la atención, miraba por encima de tus cristales con los ojos muy abiertos, ensimismado, como si todo el mundo de su alrededor desapareciera durante unos minutos.

Y qué decir cuando te extraviabas. Era como si el mundo se fuera a acabar de un momento a otro. Nos ponía a todos en movimiento, muy sulfurado para que le ayudásemos a encontrarte. Tú aparecías en los sitios más insospechados y nuestras vidas volvían de nuevo a la calma.

Cómo no te voy a querer si, junto con mi madre, fuiste su querida compañera.
Nada más levantarse de la cama te cogía con cariño y te colocaba sobre sus mejillas hasta bien entrada la noche.

El aire azota la cortina del salón  y pequeños rayos de sol tímidamente, sin querer molestar, reflejan nuestras sombras en la pared. Parecemos gigantes rebosantes de energía, tan grandes y fuertes…

No estés triste, ven, acurrúcate en mi regazo. Yo te daré el calor que tanto ansías.
Ahora, descansa pequeña. Mañana será otro día.






lunes, 18 de julio de 2011

LA NIÑA

La niña se cepilla el pelo sentada en su tocador.
Intenta mirarse al espejo mas, no tiene rostro, no tiene cuerpo.
Únicamente se refleja un alma marchita, sin vida, sin sueños...
La niña llora en silencio mientras se cepilla el pelo.
Cada vez más canoso, cada vez más desierto.
La niña suspira mirando el techo dejando pasar las horas,
deseando que pase el tiempo.
La niña no tiene vida, la niña no tiene cuerpo.
Tan solo pide al espejo poder vivir de recuerdos.







domingo, 17 de julio de 2011

HOY RECORDAMOS

NIZA

REGRESO AL PUEBLO II


Ahí estábamos los cinco esperando, muertos de hambre y calor. La vieja puerta marrón presentaba el mismo aspecto de siempre. Alta, alargada, sabia y silenciosa.

Oímos pasos bajando las escaleras. -Ya voy, ya voy, ¡un momento!- Se oía  tras la puerta. De repente ésta se abrió. La abuelita Matilde nos recibió muy sonriente. -Qué alegría. No os esperaba tan pronto-

-Nos hemos levantado muy temprano abuelita. No teníamos más sueño- contestó Miguel Ángel.
-¡Qué guapos y qué altos estáis!. Pero, pasad, no os quedéis en la puerta que os vais a asfixiar. Vamos a la cocina que os dé algo de comer-.

Mis hermanos y yo subimos rápidamente las escaleras haciendo acrobacias para no tropezar y caernos. Mis padres y mi abuela se quedaron rezagados con las maletas.
Nos separamos y recorrimos  la casa para ver si todo seguía igual. Nada más entrar, sin puertas,  se encontraba el gran salón con una mesa de nogal muy larga y las sillas a juego. La lámpara de araña permanecía suspendida en el techo controlándolo todo. Me imaginaba cenas de antaño en ese lugar con gente muy sofisticada. Para ir a cualquier otra estancia de la casa, había que pasar por ese salón obligatoriamente. A la derecha se encontraba la cocina de azulejos verdes y muebles de madera blancos. Al fondo había una despensa donde, mis abuelos dejaban ahí madurar los plátanos y olía siempre de rechupete. Dentro de la cocina, se encontraba una puerta, la cual te daba dos caminos a elegir. Uno era  un estrecho pero largo corredor con las paredes no muy altas de cal blanca, como un laberinto el cual desembocaba en una terraza lavadero/tendedero. Mi abuela tenía allí una casita verde de madera con ventanales grandes, donde se encontraba la lavadora y otros enseres. A nosotros nos encantaba esa casita. La llamábamos la casita de Grettel. El otro camino te llevaba a un aseo muy pequeño, el cual nos aterraba porque siempre de sus techos colgaban arañas tigre y a unas escaleras para salir ala calle por la puerta de atrás. Justo donde estaban los gallineros y huertos.

Al fondo a la derecha del salón, se encontraba la habitación de los abuelos en color rojizo con balcones y el cuarto de baño grande a juego con la cocina, de blanco y verde.

Al fondo, a la izquierda del salón, la sala de estar con la televisión y dentro de ese cuarto pasabas a otro dormitorio. El cuarto de estar tenía una televisión grande, un  mueble bar imitando una chimenea, una mesa camilla  dos mecedoras y varias sillas. Cada vez que venía alguna visita y se sentaba en el filo de aquellas mecedoras, éstas se volteaban hacia delante, terminando el visitante en el suelo con la mecedora encima de la cabeza. Mi abuela pedía perdón y se achantaba no sin antes haber soltado una buena carcajada.

Nada más entrar a la casa, a la izquierda del salón, se encontraba el cuarto del tío Pedro. La habitación estaba siempre en penumbras y había muchísimos libros de cuando mi papá era pequeño. Casi no me acuerdo del tío Pedro. Murió siendo yo muy pequeña aunque, sí que recuerdo a mi abuela llorar cada día. Era un lugar sagrado. Apenas se nos dejaba entrar allí. Al fondo del cuarto había una puerta. Intenté abrirla pero, estaba cerrada con llave. -¿Qué habría allí? me pregunté. En un instante pegué un respingo - ¡Amparo, ven a la mesa, te estamos esperando!- Gritaron. Tenía que buscar esa llave y abrir esa puerta. Esa sería mi objetivo para ese verano. Mientras iba hacia la cocina tropecé con mi abuelo Blas. -Hola pequeñita ¿dónde estabas?. Vamos a la cocina o no nos dejarán nada de comer- Me comentó muy bajito al oído. Al estar a su lado, cerraba los ojos y podía oler en su ropa el olor a tabaco del estanco. Era un olor muy peculiar que me gustaba. -¡Ya vamos! ¡No os lo comáis todo!- respondí.