Aquí estamos, solas tú y yo. Sentadas frente a frente. Mirándonos sin saber qué decir ni por dónde empezar.
Mi alma se queja, grita enloquecida mas, nadie puede oírlo. Siento miedo, nostalgia y ansiedad. Sólo tú sabes lo que me ocurre porque te sientes igual además de perdida, sin saber dónde aposentarte.
Te toco y estás fría. Sí, ya sé que estás hecha de metal pero, ¡Cómo ardías a veces!
Tu color marrón con reflejos dorados se ha ido deteriorando con el paso de los años aunque, sigues siendo hermosa. Ya no tienes el reflejo constante de aquellos ojos azules tan brillantes y expresivos pero, no importa. Aún conservas restos de su piel y te quiero por ello.
Para mí eres como un tesoro. Eres única y llevas en tu ser un recuerdo indestructible.
No te apures, yo te pondré a buen recaudo de posibles caídas. Eres tan dura y tan frágil al mismo tiempo…
Te colocaré en la cómoda del salón, apoyada sobre la máquina de escribir del abuelo Eduardo. Así, cada vez que pase por allí, te veré y me recordarás a él igual que me ocurre con el abuelo.
¡Cuántas tardes te usó para ver la televisión y leer el periódico! Algunas veces, cuando algo le llamaba realmente la atención, miraba por encima de tus cristales con los ojos muy abiertos, ensimismado, como si todo el mundo de su alrededor desapareciera durante unos minutos.
Y qué decir cuando te extraviabas. Era como si el mundo se fuera a acabar de un momento a otro. Nos ponía a todos en movimiento, muy sulfurado para que le ayudásemos a encontrarte. Tú aparecías en los sitios más insospechados y nuestras vidas volvían de nuevo a la calma.
Cómo no te voy a querer si, junto con mi madre, fuiste su querida compañera.
Nada más levantarse de la cama te cogía con cariño y te colocaba sobre sus mejillas hasta bien entrada la noche.
El aire azota la cortina del salón y pequeños rayos de sol tímidamente, sin querer molestar, reflejan nuestras sombras en la pared. Parecemos gigantes rebosantes de energía, tan grandes y fuertes…
No estés triste, ven, acurrúcate en mi regazo. Yo te daré el calor que tanto ansías.
Ahora, descansa pequeña. Mañana será otro día.